La “ciencia” aberrante

 

“Para Sraffa la teoría económica marginalista es una aberración. Existe una teoría económica “sensible” y coherente y una teoría económica aberrante. El cambio de nombre mismo, que se dio desde la economía política clásica a la “economía” de Marshall a partir de 1870 es la “marca de división”. Realmente hay un ‘abismo insondable’ entre los dos paradigmas”.

Luigi Pasinetti

Sigue leyendo

Anuncios

El sol también era suyo*

Alfredo Apilánez y Salva Torres

¿Será que es posible que las compañías multinacionales puedan llevar ante la justicia internacional a Estados soberanos cuyas políticas puedan tener un efecto restrictivo sobre sus beneficios y sean contrarias a sus intereses privados? Y tanto que sí: esa es, precisamente, la función que desde hace varias décadas cumplen los tribunales de arbitraje.

Beatriz Plaza y Pedro Ramiro

 

“Trato injusto e inequitativo”. Esta es la contundente fundamentación del reciente varapalo legal propinado por el CIADI  (tribunal de arbitraje del Banco Mundial) al Estado español en la primera sentencia por el llamado “hachazo” a las renovables. El título de la historia podría ser: “los recortes ‘austericidas’ y el efecto boomerang”. El objeto de la disputa eran las nefastas consecuencias financieras para los inversores de la supresión “de manera drástica y abrupta” –y con efectos retroactivos- de las generosas ayudas a las energías renovables instauradas en los “días de vino y rosas” de la burbuja inmobiliaria por los gobiernos de Aznar y Zapatero. La chapuza provocó un aluvión de demandas de los perjudicados ante las cortes de arbitraje internacionales: “Las empresas realizaron fuertes inversiones y, cuando el Gobierno cambió las reglas y recortó las subvenciones (primero a finales de 2010, con el PSOE, y luego, en 2013, con la aprobación de la reforma del sector eléctrico del Gobierno del PP), las compañías demandaron a España”.

Sigue leyendo

La gobernanza de la pobreza

 

Del neoliberalismo despiadado a la renta básica paliativa

 Entendemos por ‘paternalismo neoliberal’ aquella estructura social emergente en la que el Estado desempeña un papel paradójico. Se encarga, por un lado, de estructurar con determinación la mayoría de los aspectos de la sociedad al servicio de los ‘arrendatarios del laissez-faire’, mientras que al mismo tiempo  ejerce el papel de facilitador de la ‘gobernanza de la pobreza’”.

Joe Soss, Richard Fording y Sanford Schram, “Disciplinando la pobreza” (2011)

 

Al final de su extraordinaria disección del tortuoso camino recorrido por la economía desde los clásicos (Smith, Ricardo y Marx) hasta la hegemonía actual del dogma neoclásico-marginalista, Maurice Dobb describe de esta desalentada manera el “velo” ideológico que, bajo el ropaje de cientificidad característico de las construcciones matemáticas de la disciplina, encubre sus verdaderas motivaciones de legitimación del orden vigente: “Éste parece un ejemplo más, si aún hiciera falta alguno, dado a nuestra materia, de los prejuicios transmitidos al pensamiento por el marco conceptual heredado o adquirido, el cual, como desde el comienzo hemos sugerido, está permeado por la ideología, cuando no directamente impulsado e inspirado por ella”.

Y no hay cuestión más “permeada por la ideología” que la sistemática ocultación –cuando su función principal debería ser iluminarlas- de las leyes que rigen la distribución de la riqueza social y del verdadero origen de la ganancia del capital llevada a cabo por la “teología económica”.

Sigue leyendo

¡No es la desigualdad, estúpido!

 

La “nueva izquierda” y el trampantojo de la desigualdad

Hay que preguntarse si la economía pura es una ciencia o si es “alguna otra cosa”, aunque trabaje con un método que, en cuanto método, tiene su rigor científico. La teología muestra que existen actividades de este género. También la teología parte de una serie de hipótesis y luego construye sobre ellas todo un macizo edificio doctrinal sólidamente coherente y rigurosamente deducido. Pero, ¿es con eso la teología una ciencia?

Antonio Gramsci

Sería una gran tragedia detener los engranajes del progreso sólo por la incapacidad de ayudar a las víctimas de ese progreso

Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal (1987-2006)

No existe tema que concite actualmente debates más vehementes sobre cuestiones económicas que el de las causas y posibles medidas correctoras de las crecientes desigualdades de renta y de riqueza agudizadas en estos tiempos de crisis y de recrudecimiento del embate neoliberal. En los últimos cuarenta años, el peso de los salarios en la renta nacional ha sufrido un significativo descenso en paralelo a la extraordinaria acumulación de riqueza en el fastigio de la pirámide social (la moda de referirse al abismo entre el 1 y el 99% remite a esta extrema divergencia entre la cúspide y la base). El éxito reciente del texto de Piketty (“El capital en el siglo XXI”) demuestra la enorme preocupación que la erosión acelerada de los colchones amortiguadores del Welfare State perpetrada por la apisonadora neoliberal suscita en las capas sociales ilustradas y en los nostálgicos del capitalismo con “rostro humano”. El arco de opiniones “respetables” abarca desde las posturas- llamémoslas “redistribuidoras”- de los restos de la socialdemocracia que ejemplifica Piketty  hasta el despiadado neoliberalismo privatizador y desregulador de los cachorros de Friedman y Hayek. Los “redistribuidores” ponen el foco asimismo en la necesidad de poner coto (la Tasa Tobin y la lucha contra los paraísos fiscales serían ejemplos paradigmáticos) a la colosal extracción de rentas por parte del capital financiero y de los monopolios energéticos. Se trata de evitar que estas “máquinas de succión” agosten con su voracidad parasitaria las virtudes  de las sanas actividades productivas impidiéndolas derramar sus dones sobre el tejido social. La contraposición entre rentismo financiarizado depredador versus capitalismo temperado creador de riqueza y empleo domina el discurso regenerador de la izquierda reformista. La obra –en otros aspectos interesantísima- de Steve Keen o Michael Hudson ilustra bien esta posición. El Estado debe, por tanto, mediante regulaciones financieras estrictas y medidas fiscales deficitarias de incremento del gasto y la inversión públicos, posibilitar la corrección de las fuerzas desatadas por la brutalidad de la agresión neoliberal (detener el “austericidio”) orientándolas hacia cauces que reviertan los rasgos patológicos en pos de un capitalismo bonancible (recuperar la soberanía monetaria, controlar el casino financiero, cambio de modelo energético, etc.).

Sigue leyendo

La gran estafa

Cuestionario contestado el 11 de marzo en el marco de la tercera sesión del “Proceso a la banca española“. Se trata de un Tribunal Popular constituido  al efecto de someter a juicio y exposición pública el colosal quebranto de la cohesión social y las finanzas patrias provocado por la oligarquía financiera así como la flagrante connivencia de los títeres del circo político que, con las draconianas políticas impuestas como consecuencia del rescate fraudulento de los financistas, cercenan sistemáticamente los derechos y las condiciones de vida de aquellos a los que dicen servir.

Agradezco especialmente a Salva Torres (asociación 500×20) y a José Manuel Novoa (Asociación de Hipotecados Activos) la invitación a participar en el evento y, muy especialmente, la paciencia y la valiosa ayuda prestadas en la elaboración del cuestionario.

 

 

De cómo la crisis desembocó en el mayor quebranto al erario público de la historia española

Sigue leyendo

La teología económica (I)

 

 

“Esta adhesión a unos modos de interpretar el mundo contra los vientos y mareas de la realidad, esta obstinada aplicación de los mismos enfoques a cualquier campo o problema en busca de evidencias empíricas siempre triunfantes, nos recuerda más el comportamiento de la alquimia que aquel otro acorde con los cánones tantas veces descritos de la ciencia experimental”

José Manuel Naredo

“La economía es una rama de la teología”

Joan Robinson

 

  1. Hermenéutica

 

¿Qué pensaría un profano que se acercara con sana curiosidad a los sesudos tratados de los teóricos de la economía, con el fin de mejorar su comprensión de las intrincadas aristas de la realidad económica, ante la afirmación de que en esos modelos no hay cabida para el análisis del dinero, del beneficio, del capital, del tiempo, de la renta, de las grandes corporaciones ni del estado?

Si, llevado por la incredulidad ante tan insólita aseveración, perseverara en su intención de indagar en las fuentes originales adentrándose  a través de la maraña de ecuaciones hasta los supuestos basales de la disciplina, encontraría  desarrollos del siguiente tenor, extraído de un comentario de Bernard Guerrien a uno de los manuales canónicos de la macroeconomía ortodoxa impartida en facultades de medio mundo: “Su libro empieza presentando “la teoría básica de los precios”. De hecho, Barro nunca trata en su libro «de los» precios, sino de un precio, denotado por P, presentado como el nivel de precios, pero que en realidad designa el precio del único bien de la economía. El capítulo siguiente versa sobre la «economía de Robinson Crusoe». Barro explica que, en aras de la «claridad», va a examinar «una economía de familias aisladas idénticas en la que cada una se parece a Robinson Crusoe». El meticuloso autor observa de refilón que con bienes idénticos y familias idénticas “existe entonces un pequeño problema: ¿por qué razones vendería y compraría la gente éste bien?”. ¡He ahí una pregunta muy pertinente! La “solución”, avanzada por el otro Bob, Lucas, para propiciar algún estímulo al intercambio que ponga en marcha el engranaje, propone considerar que los bienes difieren en el color y que cada familia se especializa en la producción de bienes de un color, aunque desee consumir bienes de todos los colores. Consciente quizá de lo ridículo de esta “solución”, Barro evoca la naturaleza “abstracta” de su tarea, que está destinada, sin embargo, “a capturar en un modelo concreto algunas características del mundo real”.

Sigue leyendo

¿De qué hablamos cuando hablamos de financiarización?*

*Texto de la exposición realizada el 12 de noviembre de 2016 en el marco de las jornada “Financiarización y consumo: el asalto de las finanzas a la vida cotidiana” organizada por AICEC-ADICAE. Quiero agradecer especialmente la invitación de la asociación y asimismo felicitar a Jaime Palomera (miembro de La Hidra Cooperativa), Elena Idoate (miembro del Seminari d’Economia Crítica Taifa), Joan Ramon Sanchis (catedrático de organización de empresas de la Universidad de Valencia) y Alex Daudén (coordinador general de AICEC-ADICAE) por sus excelentes aportaciones.

Sigue leyendo

Encarnizamiento terapéutico

El neoliberalismo es la respuesta a un gran fracaso de dimensiones históricas, a saber, la incapacidad del capital para mantener tasas de ganancia adecuadas

Alejandro Nadal

El crédito, que es un ingreso consumido antes de haberse realizado, puede posponer el momento en el que el capitalismo alcance sus límites sistémicos, pero no puede abolirlo. Incluso el mejor de los encarnizamientos terapéuticos debe concluir algún día

Anselm Jappe

1-Deudocracia

“La misión de estas instituciones es transferir, bajo las más diversas formas, masas colosales de riqueza al sector financiero”. El lapidario diagnóstico del economista brasileño Theotonio dos Santos describe la esencia de la función de los bancos centrales “independientes” como puntales de la aguda expropiación financiera característica del neoliberalismo contemporáneo. El relativamente saneado -hasta la virulenta crisis actual- Estado brasileño emite bonos del tesoro no porque tenga deudas (desde hace 20 años Brasil, un país fuertemente exportador, tiene superávit fiscal primario antes del pago de intereses), sino para otorgar enormes réditos a los fondos de inversión y a la gran banca privada internacional. ¿Por qué un país con superávit en las cuentas públicas tiene que aumentar su deuda con los mercados financieros, extrayendo el flujo de pagos de intereses de los impuestos de los inermes ciudadanos? Tampoco la ortodoxia viene al rescate del chanchullo: “al definir la función del Estado, no hay ningún teórico de la corriente neoliberal que incluya entre sus deberes lanzar títulos de deuda con altas tasas de interés sin tener ninguna deuda derivada de los llamados ‘fines’ del Estado”. La surrealista coyuntura muestra el quid de la cuestión, más cercano al flagrante latrocinio que a la aséptica microeconomía friedmaniana, acerca del papel real del sanedrín de las finanzas brasileñas: “Se trata de una expropiación de los recursos obtenidos por los distintos tipos de ingresos fiscales para transferirlos al sistema financiero bajo los pretextos más increíbles y las maneras más inventivas”. La perversidad del proceso se aprecia en que los intereses del pago de esa deuda “odiosa” generada por “la dinámica de los mercados” empujaron a Brasil, en las amargas palabras de Dos Santos “a un falso déficit fiscal, que debe ser cubierto con ajustes, reduciendo el gasto público destinado a satisfacer las necesidades de nuestra población”. Bajo la consabida excusa, típica de la vulgata neoliberal, de contener la inflación y atraer capitales foráneos el banco central “neocon” mantuvo elevadísimas tasas de interés para alborozo de los bancos privados y de los hombres de “trajes caros de Wall Street”, que recibían jugosos réditos del generoso regalo de su “troyano” en la sometida economía del gigante sudamericano: “ningún razonamiento económico razonable, ningún estudio empírico serio, ningún estudio de caso capaz de probar la relación absurda entre los aumentos desproporcionados en las tasas de interés y contención de la inflación (…) se presentó para el debate con el pueblo brasileño que justifique la transferencia de alrededor de 1 billón de reales en pago de intereses al privilegiadísimo 1% del pueblo brasileño”. Esta “institución monstruosa”, en los lúgubres términos de Dos Santos, funge pues como venal mamporrero del gran capital transnacional, estrechamente confabulado con ese 1% de élites extractivas autóctonas para dejar expedita la vía de la confiscación masiva de riqueza de los trabajadores brasileños.

Sigue leyendo

La muerte del M3

 

Alfredo Apilánez

 

El sector financiero ha redefinido la democracia con afirmaciones de que la Reserva Federal debe ser “independiente” de representantes democráticamente elegidos, a fin de actuar como el lobista de la banca en Washington. Esto exime al sector financiero del proceso político democrático, a pesar de que la planificación económica actual está ahora centralizada en el sistema bancario. El resultado es un régimen de manejos entre poseedores de información privilegiada y la oligarquía

Michael Hudson

“Sólo hace falta proteger los secretos pequeños. Los grandes se mantienen debido a la incredulidad de la opinión pública”
Marshall McLuhan

 

En  vísperas del desplome financiero de 2007-2008 un terso, sucinto y aparentemente trivial comunicado de la suprema autoridad monetaria imperial desataba el pasmo entre los más avezados  tiburones de las finanzas: “la decisión fue un shock para la comunidad financiera y, aparentemente, para otros bancos centrales que reportaron no haber sido consultados”. La insólita comunicación se realizó además con nocturnidad y alevosía. Como relata, con fina ironía, el analista Doug Gillespie: “El anuncio llegó a última hora de la tarde de un día en el que había cierre temprano en el mercado de bonos y en vísperas de una jornada vacacional en los mercados. Como mínimo, habría que calificarlo como extraño”.

Sigue leyendo

Geofinanzas imperiales

 

Los bancos son los que realmente toman las decisiones y – detrás de la cortina de una respetabilidad fingida – son la fuerza motriz detrás de las interminables guerras

Michael Hudson

Los banqueros centrales, cuya independencia está constitucionalmente protegida, controlan la política monetaria en el mundo desarrollado. Gestionan la oferta de dinero a las economías nacionales. Fijan las tasas de interés decidiendo así el valor de nuestros ahorros e inversiones. Ellos deciden si hay que centrarse en la austeridad o crecimiento. Sus decisiones dan forma a nuestras vidas

Adam LeBor

1-Libia. Furia desatada

“Nunca antes había escuchado que se creara un banco central a las pocas semanas de un levantamiento popular. Sin duda parece indicar lo extraordinariamente poderosos que se han convertido los banqueros centrales en nuestra época ”. El periodista Robert Wenzel expresaba así su pasmo ante las extrañas prioridades de los insurrectos en la recién iniciada revuelta contra el régimen de Gadafi en febrero de 2011. La virulencia del conflicto libio –que prosigue actualmente con dos gobiernos enfrentados por el control del cuarteado territorio y un sinfín de grupos guerrilleros (la mayor fábrica de terroristas del mundo, según acreditados medios occidentales) campando por un país arrasado después de cinco años de cruenta guerra civil-y la presta y decidida intervención occidental (bajo el liderazgo “otánico” francoestadounidense) parecen reflejar inconfesables intereses en liza. Más allá de la consabida retahíla de razones para cohonestar una guerra “justa y humanitaria” con la que los líderes del mundo libre adornaron su “abnegada” entrega a la defensa de los derechos humanos y la democracia en Libia, afloran sedimentos de propósitos mucho menos honorables. Según el agudo análisis de Ellen Brown, basado en los recientemente desclasificados correos electrónicos de Hillary Clinton, entonces Secretaria de Estado del hegemon –que mostró sus humanitarias entrañas expresando su indisimulado alborozo ante el salvaje linchamiento del ominoso dictador-, la prioridad geopolítica imperial era proteger los intereses del cártel bancario euroestadounidense impidiendo que prosperara el plan de Gadafi de crear una moneda panafricana basada en el dinar libio y en las enormes –fruto de las cuantiosas regalías petroleras-reservas de oro del país. La cuestión no es pues–tratando de evitar la doble trampa de maniqueísmo “conspiranoico” e infantilismo antiimperialista que denunciaba Alba Rico en sus polémicos artículos de 2011- negar la condición de tirano criminal del dictador libio ni la legitimidad de una revuelta popular para derrocarle, sino iluminar la malla de intereses espurios que activan –bajo la consabida pátina del discurso humanitario de los adalides de la civilización occidental- los expeditivos mecanismos del poder imperial: Gadafi –parafraseando la clásica sentencia rooseveltiana sobre el cinismo artero de la política de alianzas de la superpotencia- dejó de ser su“ hijo de puta” –no peor que otros conspicuos déspotas del Tercer Mundo, más dóciles ante los dictados imperiales- para tornarse, en la propaganda legitimadora de los bombardeos otánicos, un nefario criminal asesino de masas y desestabilizador de la región. Eso no siempre fue así.

Sigue leyendo