El sistema no es reformable, y Podemos tampoco

Comentario escrito un poco “a chorro” ( de ahí algún, espero que no demasiado grave, atropello sintáctico) a propósito del fértil artículo de Miguel León sobre Podemos:

Sólo para felicitar al autor por el fino estilete mostrado en el análisis del fenómeno (también en el anterior sobre los tabúes de Podemos) y para añadir a bote pronto un par de acotaciones sobre aspectos que, en mi opinión, quedan un poco relegados en los dos artículos.
Para ello lanzo dos preguntas (confío en que no demasiado retóricas) que están en el origen de las, en ocasiones, acerbas discusiones con otros camaradas (otro tabú) y que creo que pueden ser piedras de toque para situar el asunto:
¿Es preferible dar el apoyo y los desvelos a una opción como Podemos (con aparentes posibilidades de dar un buen bocado electoral pero con un adn típicamente reformista) como encarnación del “mal menor” o sería mejor no dejarse engañar por su “leninismo fláccido”, en la brillante expresión del autor, y seguir confiando en el bello slogan quincemayista: “vamos despacio porque vamos lejos”, sin atajos, poltronas ni espejismos telegénicos?
¿O habría más bien que oponerse, quizás con un poco de ferocidad, a esta maniobra supuestamente pragmática y realista pero harto utópica en su pretensión declarada de “utilizar” las instituciones para transformar la realidad, por el deletéreo efecto colateral de cuestionar la practicidad y virtualidad de los espacios políticos alternativos que, aun desde su marginalidad, introducen poco a poco cuñas en la barbarie circundante?
Como en las “olas” de los partidos de fútbol, en el estadio de educación política de la mayor parte de la ciudadanía el modelo de la urna y la competición, de “ganar pero no vencer”, como certeramente precisa el autor, resulta, en su puerilidad, tremendamente efervescente por su falsa pero potente promesa de redención. Sin embargo, y a riesgo de resultar demagógico y de destruir el efecto retórico de las interpelaciones, manifestaré mi convicción en la infinitamente mayor utilidad transformadora de las acciones que, empezando por abajo, pugnan por alterar los “ecosistemas” de la vida cotidiana.
En fin, esperando dejarme mucho en el tintero, recomendar simplemente dos de los pocos autores que, a mi humilde parecer, ponen el dedo en la llaga sobre el particular: Joaquín Miras y Carlos Taibo.
Seguimos…

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